La verdad, pensaba no haber publicado nada estos días, pero una conversación con amigos y el recuerdo de un cuento de Jorge Bucay, que leí hace tiempo, me han inspirado y  no he podido resistirme…

Pero vamos por partes, primero introduzco el tema principal de la conversación y luego cuento el cuento (no es mío, ¿eh?, jeje que más quisiera yo,…)

En los tiempos que corren no es fácil saber cómo emprender, intentar cosas nuevas, lanzarse a nuevos proyectos, en definitiva asumir “riesgos”. Pocas son las personas que consiguen crear algo diferente, algo que les permita pasar a la historia como inventores, creadores o empresarios de éxito. Pero desde Innokabi, creemos que no hace falta ser un genio para tener éxito, para aprender cómo emprender, para asumir riesgos, en definitiva para alcanzar el éxito.

Como decía Beethoven:

El genio se compone de un dos por ciento de talento y un noventa y ocho por ciento de perseverancia

De manera que no esperes alcanzar la fortuna con la primera idea que se te pase por la cabeza, tendrás que ser constante y mentalizarte de que será un camino duro, pero que es posible llegar a donde te propongas con tesón y perseverancia.

RIESGO

Riesgo cómo emprender innokabi

Es una palabra que genera controversia, parece que asume riesgos quien se enfrenta a lo desconocido, quien se expone al fracaso.

Yo no estoy de acuerdo.

Yo creo que se arriesga quién no lo intenta, quien se conforma, quién no evoluciona, porque corre el riesgo de perder el timón, de perderse a sí mismo y la esencia de la vida.

Me gustaría pedirte que mires a tu alrededor, que preguntes a tus padres, tíos, amigos o vecinos cómo están viviendo actualmente, cuánto les ha costado conseguir lo que tienen, que te hablen de su experiencia. Y también te pido que averigües si son felices, si están resignados, si se lamentan de algo y sobre todo si no están contentos con algún aspecto de sus vidas. Averigua si han intentado hacer algo para conseguir el cambio, si se han planteado cambiar de trabajo, de lugar de trabajo, de residencia o cualquier otro aspecto que deseen cambiar.

Después pregúntate qué quieres tú. Si quieres lo mismo que la mayoría o vas a hacer algo especial, si vas a seguir al rebaño o vas a hacer algo diferente, un cambio en la forma “normal” de vivir.

CAMBIO

Es la palabra clave.

Hay muchos que temen los cambios porque consideran que generalmente son a peor, la tan temida ley de Murphy:

“Si algo puede fallar, fallará”.

Pero en mi opinión los cambios son buenos. Son los que nos hacen avanzar, los que nos permiten crecer personal y profesionalmente. Las personas abiertas al cambio no dan nada por cerrado y piensan de forma diferente al resto, no se dejan llevar por la mayoría.

Para ilustrar ese miedo al cambio, que muchas veces está tan anclado en nuestro subconsciente, que no nos permite evolucionar ni crecer, voy a contarte un cuento precioso, extraído de un libro de Jorge Bucay. Se llama “El Elefante y la Estaca”.

El autor cuenta que desde que era pequeñito siempre le había gustado el circo y solía ir a verlo siempre que aparecía alguno por la ciudad donde él vivía. Pero de todas aquellas maravillosas actuaciones que veía, lo que recordó durante años no fue una actuación en concreto, si no la imagen de un enorme elefante con un extremo de una soga atada a una de sus patas traseras y el otro extremo atado a una estaca. A los ojos de cualquier observador, incluido el niño, aquella estaca era diminuta para sujetar a semejante animal, pero inexplicablemente, el elefante no hacía ningún esfuerzo por arrancarla.

Elefante cómo emprender innokabi

El niño preguntó a varias personas por qué razón el elefante no intentaba escaparse, pero obtuvo respuestas que no dejaron satisfecha su curiosidad. Su padre dijo que era porque estaba amaestrado, otra persona dijo que era porque la estaca, a pesar de parecer insuficiente para contener al animal, en realidad era muy fuerte. Cada persona dio su versión pero ninguno de ellos consiguió convencer al niño.

Al cabo del tiempo, cuando ya casi había olvidado aquella cuestión, sin saber por qué su mente la trajo de nuevo, haciéndose aquella pregunta y solo entonces encontró a alguien tan sabio como para obtener de él una respuesta convincente.

Lo que le dijo fue, que aquel elefante enorme, no se escapaba porque creía que no podía. Desde el momento en que nació había sido atado a una estaca parecida, con una soga similar. El niño imaginó con pena al pequeño elefante haciendo grandes esfuerzos por liberarse de sus ataduras, pero como era pequeño no tenía fuerza suficiente para soltarse. Así un día y otro día, hasta que tras muchos intentos, llegó el fatídico momento en que se resignó a su suerte y se dio por vencido, dejando de intentar liberarse de aquella estaca.

El pequeño elefante fue creciendo poco a poco, sin darse cuenta, hasta que llegó a ser el formidable animal que todos veían en el circo, pero nunca más había intentado liberarse, porque cuando lo intentó siendo muy pequeño no lo había logrado y aquel recuerdo permanecía gravado en su memoria. El elefante, a pesar de haber crecido, de su fuerza y de que podría arrancar aquella estaca con solo mover una pata, seguía allí atado y resignado desde hacía muchos años.

Después de leer ésta historia me doy cuenta de la enorme cantidad de cosas a las que estamos atados desde nuestra infancia. Ahora que hemos crecido y tenemos recursos tanto mentales como físicos para superar lo que queramos, seguimos anclados a pensamientos pasados, creyendo que no podemos superar  nuestros miedos, creyendo que tenemos las manos atadas para conseguir nuestros objetivos.

Cuantos niños, que una vez oyeron que no eran buenos para el canto, la pintura o la gimnasia, han crecido sin cantar, sin pintar o sin hacer deporte porque alguien les hizo creer que no eran buenos, y dejaron de cultivar alguna de sus cualidades y de luchar por superarse dando por hecho que, efectivamente, no valían para ello. Y cuantos han sido buenos en la literatura, matemáticas o en natación porque siendo pequeños les dijeron que valían para ello, que podrían hacer lo que quisieran y los niños siguieron practicando y entrenando para ser mejores.

Aprendamos del elefante, no nos quedemos anclados a viejas ataduras solo porque una vez siendo jóvenes intentamos liberarnos y no lo conseguimos. Siempre estamos a tiempo de cambiar, de luchar y de conseguir nuestros sueños, no dejes pasar más tiempo.

Si consigues romper alguna estaca y liberarte en algún sentido, mi objetivo con este artículo, estará plenamente cubierto.

Como dijo Florence Nightingale,

“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él”.

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Agradeceré tus comentarios, experiencias o impresiones sobre el artículo.

Feliz 2015 cargado de nuevos proyectos.

Sólo si crees que puedes, PUEDES. Cómo emprender.
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